martes, 20 de abril de 2010

Visita a Madrid (3)

Nada más típico que comenzar el segundo día con un desayuno consistente en café con leche y churros en un bar cercano al apartahotel. Creo que lo escogí por el nombre tan curioso: Bar El barógrafo (aparato usado para medir la presión atmosférica, que utiliza como señal para determinar la presión las variaciones de volumen en un recipiente en el que se ha practicado el vacío total).
Allí me llevé la primera sorpresa, ya que al poco de estar en el lugar apareció por la puerta el actor Micky Molina, saludando cordialmente a todo el personal que estaba en la barra. Se tomó su café con leche, se fumó su pitillo y se marchó al instante.
A continuación me dirigí al punto inicial de mi recorrido, el km 0 de la Puerta del Sol.



La verdad es que me sentía un poco emocionado, ya que esa imagen típica de cada Nochevieja la tenía ante mis ojos:



A mi alrededor, igual que la noche anterior, se sucedió una auténtico vivero de imágenes diversas: compradores de oro, mendigos, turistas, transeúntes de todo tipo, gente que salía del metro, vendedores de La Farola...

Al poco rato me dirigí a la calle de Alcalá, e iba recordando la melodía de la famosa canción en mi mente mientras las voces de "¡compro oro!" cada vez se hacían menos perceptibles. Hacía frío, así que busqué el lado de la calle en el que daba el sol de la mañana. A derecha e izquierda iban apareciendo todo tipo de edificios notables: el Ministerio de Hacienda, la Real Academia de San Fernando, el Casino de Madrid, el Teatro Alcázar... De repente, ni más ni menos que el mismísimo Ministerio de Educación y Ciencia:



Tras un breve trecho llegué a mi objetivo: La Gran Vía. Me dispuse a recorrerla y así rendirle mi pequeño homenaje a tan ilustre calle. La primera sorpresa fue darme cuenta de que no era completamente llana, sino que comenzaba con una suave pendiente, tal y como se aprecia en las fotos:







Aproveché también para hacerme una autofoto en el cristal de un escaparate, y así inmortalizar el instante (vaya, que solemne me pongo a veces, oye):



Después me detuve un instante, más que nada porque deseaba sentirme parte del entorno. Me sentía como E. A. Poe en su cuento "El hombre de la multitud",contemplando el ir y venir de los transeúntes, sus prisas, sus miradas, así como el trasiego constante de sus pasos:



Eran mil vidas diferentes, peculiares, propias. Sin embargo todas tenían algo en común en ese preciso instante. Mis pensamientos se interrumpieron de repente: un conjunto de coches oficiales escoltados por la policía recorría en ese momento la Gran Vía. Llevaban la banderita del Líbano, y recordé que el primer ministro estaba de visita oficial en España.

En ese momento llegué al punto de inflexión de la pendiente, comenzando un suave descenso:



No pude evitar fotografiar el edificio con el famoso cartel de Schweppes, en el que Santiago Segura y el cura Berriortúa hicieron de las suyas en El día de la Bestia:



A partir de ahí comencé el último tramo de la Gran Vía, hasta llegar a la Plaza de España, observando a derecha e izquierda los diferentes teatros en los que había diferentes musicales en cartelera:

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