sábado, 10 de abril de 2010

Visita a Madrid (1)

Aquí me tenéis de nuevo después de mi breve escapada cultural.

El hecho de vivir en un pueblo pequeño hace que siempre sienta cierto temor o respeto ante un viaje a una gran ciudad. Tal vez por ello he tardado tanto tiempo en decidirme a visitar la capital.¡Qué le voy a hacer, si soy de pueblo! Pero no lo digo en sentido negativo, ya que es algo de lo que estoy orgulloso.

Bueno, entremos en materia. Los preparativos del viaje fueron muy sencillos. Todo gestionado a través de internet en menos de media hora. Os aconsejo la agencia virtual muchoviaje.com, ya que a través de ella alquilé un apartahotel en la calle Príncipe, en pleno corazón de Madrid, junto a la Plaza Canalejas. Además, a un precio bastante razonable, 52 euros.

El jueves, tras tres horas de viaje, llegué a la estación de Atocha sobre las 10:15 de la mañana. La primera sensación fue de extrañeza y de desorientación, como si yo no encajara con el entorno (sólo había sentido algo parecido en la estación de Sants, en Barcelona). Sin embargo, esa impresión desapareció apenas pasados unos minutos, ya que me vi sumergido entre esa abigarrada multitud que fluía a través de las puertas de la terminal.

Tras almorzar en un bar de la estación, me dirigí inmediatamente a visitar el Museo del Prado, mi principal objetivo. Por dar un toque de humor, os diré que los aseos del bar eran bastante repelentes, vamos, como si estuviéramos en Tombuctú. Luego se quejan de que el turismo desciende.

Aquí os muestro las fotos del recorrido, hasta llegar a la puerta del museo:

El Paseo del Prado




El mismo paseo, en otra dirección.




El monumento a Velázquez




La Puerta de Murillo




La fachada correspondiente a El Paseo del Prado




El monumento a Goya



Y finalmente, la entrada al museo por la Puerta de los Jerónimos



Del interior, ¡qué decir! Cuando entras y comienzas a recorrer sus salas, te das cuenta de que todas esas láminas que has visto siempre en los libros de texto, realmente existen, tienen vida. La palabra que más repetí a lo largo de todas las salas fue: ¡impresionante!.

Realmente me sentía abrumado por la gran cantidad de imágenes que llegaban a mis ojos. Sería imposible e injusto elegir una obra, porque eran incontables: Las meninas, La fragua de Vulcano, Las majas, La familia de Carlos IV, Las tres gracias, Los fusilamientos, El caballero de la mano en el pecho, La rendición de Breda, Carlos V a caballo en la batalla de Muhlberg, Las pinturas negras de Goya, El jardín de las delicias... Tal vez, por simpatías con el protagonista del cuadro, la obra que más emoción me provocó fue una pintura que no está al nivel de las anteriores. Se trata de El fusilamiento de Torrijos, de Gisbert. Me senté a mirarla un largo rato, y casi pude imaginar la escena, sufriendo por el trágico desenlace de los que iban a ser asesinados.

Por supuesto, comí en la cafetería del museo, para aprovechar mucho más el tiempo. Por la tarde, acabé de ver todas las salas, y aún tuve tiempo para dar un pequeño repaso a las obras más significativas.

2 comentarios:

  1. Qué bien!! De vacaciones a Madrid. Seguro que lo pasaste genial. Y hay que ver que entregado estas a la página. Nos informas de todo, incluso con las fotos de Madrid, jejeje.
    Yo voy a ir este finde, a ver si hace bueno! Es una cuidad que me encanta, tiene de todo aunque es un poco una locura: siempre hay colas, gente, gente y mas gente, se tarda media vida en llegar a los sitios... pero aun asi me gusta.
    No creo que vaya al museo, de momento no tengo ganas de más conocimientos, con la química tengo bastante, jajaja, me conformo con un paseo por el retiro y la puerta del sol, pero en un par de años igual me lo pienso.
    Como siempre, gracias por todo!

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  2. Hola Laura,
    Sí, aproveché muy bien la visita, y me saturé de arte, que falta me hacía. Por fortuna pude ir entre semana, de forma que aunque había colas no fueron muy largas.
    Ahora que me sé el camino os puedo servir de guía.
    Saludos, y gracias a ti.

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