jueves, 1 de julio de 2010

VIAJE A TOLEDO (4)

El domingo por la mañana desayunamos en un bar cercano al hostal. Al igual que en Madrid, pedí café con leche y churros, una buena forma de prepararme para el resto de la visita.
La primera sorpresa llegó nada más salir a la plaza Zocodover, ya que ese domingo se celebraba una carrera pedestre en Toledo, la carrera del Corpus:


De allí nos fuimos hasta el párking a dejar las maletas en el coche, para no ir cargados con ellas. Ya habíamos planificado el itinerario del domingo, así que comenzamos visitando el museo de Santa Cruz:



Por las ventanas del museo vimos pasar a los participantes de la carrera. De momento estaban bajando por la calle de Cervantes, pero la verdad es que les esperaba un auténtico desafío, con tantas cuestas:



El siguiente objetivo fue encontrar (lo digo porque fue complicadísimo) y visitar la Mezquita del Cristo de la Luz, un edificio del siglo X, importante porque es la única construcción conservada en la actualidad anterior a la reconquista cristiana. El nombre parece bastante extraño: ¿un cristo y una mezquita? La razón es que fue reconvertida en iglesia, ya que en una época posterior se le añadió un ábside, como puede apreciarse en la foto:


Tras pagar la tasa (2,30) pasamos al interior, pero por desgracia se encontraba en muy malas condiciones.
Más tarde, subimos por la cuesta de las Carmelitas y nos dirigimos hacia la Iglesia de San Ildefonso, una muestra característica del barroco con una soberbia fachada principal (lo siento, pero no hubo manera de que no saliera la tela):



Esta iglesia destacaba por sus dos campanarios, desde los que se tuvimos una vista espléndida de la ciudad de Toledo:




Una vez visitada la iglesia nos dirigimos hacia el convento de Santo Domingo El Antiguo, con la intención de ver la sepultura de El Greco. Hubo un momento en que nos encontramos bastante perdidos, porque había un auténtico vericueto de calles, callejones y esquinas. Ni con el plano nos aclarábamos:



De paso rendimos un pequeño homenaje a Garcilaso de la Vega (¡ay Garcilaso, cómo se te ocurrió escalar la torre de Muy en lugar de seguir escribiendo poemas!):


Bien, tras larga búsqueda llegamos al convento que antes os he mencionado, pero por desgracia los domingos solo abren por las tardes, así que nos quedamos un poco chafados, la verdad sea dicha.
Ya eran las doce del mediodía, así que nos tomamos la tapa de rigor en un bar cercano, y nos dispusimos a poner el broche final a la visita, yendo hacia el puente de Alcántara:



Desde allí contemplamos el río Tajo, con sus aguas abrazando mansamente el cerro toledano:



Y ya finalmente dijimos adiós a Toledo, dando una última mirada a su imponente Alcázar:



En fin, hasta aquí llegó nuestra breve estancia. Sin duda Toledo es una auténtica joya cultural. Por favor, ¡visitadla!

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