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martes, 4 de mayo de 2010

Visita a Madrid (final)

Tras la comida me dirigí hacia el Museo Reina Sofía, no sin antes dar una vuelta por la amplia explanada que precedía al museo, en la que había un grupo de músicos interpretando una bonita melodía:



Al otro lado, destacaba el edificio del Conservatorio de Música:



Al contrario que ocurrió en día anterior en el Museo del Prado, no había cola para entrar. Además, enseñando el carné de profesor la entrada me resultó gratuita (sin embargo, en El Prado me cobraron 10 euros). Son las cosas que no entiendo de este país nuestro:



Las dos siguientes horas las dediqué a recorrer el museo, pero sin tanto entusiasmo como el día anterior, ya que el arte moderno no me cautiva tanto. Fue gracioso, ya que nada más entrar fui directo al primer puesto de información, y dije:
- Hola, buenas tardes. La pregunta típica: ¿el Guernika?.

Una vez que me indicaron la sala me dirigí a visionar el cuadro. La verdad es que he de deciros que resultaba impactante cuando te enfrentabas a él. Sin duda sólo por verlo merecía la pena visitar el museo:



Tuve que hacer la foto desde la sala contigua, ya que en no dejaban hacer fotos desde tan cerca.

Luego estuve deambulando el resto de la tarde por diferentes salas, centrándome sobre todo en las de Picasso, Dalí, Juan Gris, Miró... Cuando llegué a las obras de Miró, pues en fin, ¡qué decir!, pensé: "definitivamente, no entiendo de arte". Para muestra esta obra, que os reto a que descifréis qué representa:



Por último visité una sala en la que me sorprendió gratamente encontrar algunos de los famosos grabados de Goya, como por ejemplo, el de El sueño de la razón. Si os fijáis, se ve mi imagen reflejada en el cristal:



Una vez finalizada la visita di una vuelta por las inmediaciones del museo, ya que todavía me quedaba tiempo hasta la salida del tren. Recorrí diferentes calles, como la Calle de Quevedo, la de Cervantes... Me resultó muy curioso ver que la Casa Museo de Lope de Vega estaba situada en la calle dedicada a Cervantes, uno de sus grandes rivales en vida:



Por último estuve paseando por las inmediaciones del CaixaFórum, con su elefante equilibrista:



En fin, para finalizar (¿ya era hora, eh?, ¡nada menos que seis entradas!) he de deciros que Madrid es una ciudad que me ha hechizado. Además no me arrepiento de haber hecho la visita tan breve, ya que sin duda eso me obligará a volver pronto.
Si todavía os pasa como me pasaba a mí, si no la conocéis, no esperéis más tiempo. ¡Visitadla!

¡¡¡Saludos!!!

jueves, 29 de abril de 2010

Visita a Madrid (5)

Desde la Plaza de Cibeles me dirigí hasta la famosa Puerta de Alcalá, recordando la melodía de la famosa canción de Ana Belén:



Después di un breve paseo por el Parque del Retiro:



Cómo no, me acerqué a ver dos edificios ilustres, como la Bolsa de Madrid, y el edificio de la Real Academia de la Lengua. Por supuesto, me volvió a sorprender la manía que tienen de plantar árboles que ocultan la fachada:




Durante el camino me topé con una pequeña manifestación en una de las sedes del Banco de Santander. Protestaban por lo que ellos denominaban "el corralito" del Santander, ya que en la actualidad hay paralizados 3700 millones de euros de 60000 familias que invirtieron en fondos de inversión. Estuve hablando con ellos sobre su situación. Tenían un pequeño megáfono y un equipo de música, para hacer más llamativa la protesta. Me permitieron hacer unas cuantas fotos:




Más tarde, siguiendo con mi paseo, volví a recorrer las inmediaciones del Museo del Prado, hasta la entrada del Jardín Botánico:



Por último, decidí buscar un sitio donde comer. De entre todos los bares que había en la zona, me incliné por La Tapería, situado en la Plaza Platería, junto al Paseo del Prado. No pude hacer mejor elección, ya que la relación calidad precio resultó ser excelente. La adecuada combinación del menú (crema con cebolla, rabo de toro), la bebida (cerveza), el servicio excelente, y la música nostálgica formaron una mezcolanza de diferentes sensaciones, que finalizaron con un buen carajillo, necesario para reponer las fuerzas.

domingo, 25 de abril de 2010

Visita a Madrid (4)

Una vez finalizado el recorrido de la Gran Vía llegué a la Plaza de España, en la que había un grupo de actores y de músicos entreteniendo a los viandantes:



De ahí al templo de Debod no había más que un paso. Al observar esas piedras milenarias no pude reprimir un doble sentimiento. Por una parte, la emoción de tener cerca de mí una parte del ancestral Egipto, pero por otra parte una sensación de tristeza, por el hecho de que la ambición humana (la construcción de una presa) tuviera que alterar un entorno cultural de valor incalculable (de hecho, los templos de la zona de Abu Simbel siguen deteriorándose dada la erosión causada por la filtración de las aguas del lago Nasser):




Cerca del templo de Debod está la calle Ferraz. Es una calle curiosa, ya que alberga organizaciones con pensamientos políticos totalmente diferentes. En un lado de la acera, el sindicato Manos Limpias; unos metros más adelante, la sede del PSOE.
No pude evitar recorrer la calle, y tomar una fotografía de una tienda, que me llamó la atención por su relación con mis estudios:



Luego me dediqué a recorrer en sentido inverso la ruta de la mañana, dirigiéndome por la Gran Vía hasta la calle de Alcalá. Fui hacia la Plaza de la Cibeles, pasando por delante del Instituto Cervantes, en el que destacaba su singular entrada, custodiada fielmente por cuatro hermosas cariátides:



En el lado contrario de la calle, la fachada del Banco de España:



Al ver la fachada pensé que era una lástima que se plantasen árboles enfrente de edificios tan distinguidos, porque tapaban su belleza.

Finalmente, tras un corto recorrido llegué a la Plaza de la Cibeles. Al fondo, destacaba sin duda alguna, el impresionante edificio de la Casa de América:



martes, 20 de abril de 2010

Visita a Madrid (3)

Nada más típico que comenzar el segundo día con un desayuno consistente en café con leche y churros en un bar cercano al apartahotel. Creo que lo escogí por el nombre tan curioso: Bar El barógrafo (aparato usado para medir la presión atmosférica, que utiliza como señal para determinar la presión las variaciones de volumen en un recipiente en el que se ha practicado el vacío total).
Allí me llevé la primera sorpresa, ya que al poco de estar en el lugar apareció por la puerta el actor Micky Molina, saludando cordialmente a todo el personal que estaba en la barra. Se tomó su café con leche, se fumó su pitillo y se marchó al instante.
A continuación me dirigí al punto inicial de mi recorrido, el km 0 de la Puerta del Sol.



La verdad es que me sentía un poco emocionado, ya que esa imagen típica de cada Nochevieja la tenía ante mis ojos:



A mi alrededor, igual que la noche anterior, se sucedió una auténtico vivero de imágenes diversas: compradores de oro, mendigos, turistas, transeúntes de todo tipo, gente que salía del metro, vendedores de La Farola...

Al poco rato me dirigí a la calle de Alcalá, e iba recordando la melodía de la famosa canción en mi mente mientras las voces de "¡compro oro!" cada vez se hacían menos perceptibles. Hacía frío, así que busqué el lado de la calle en el que daba el sol de la mañana. A derecha e izquierda iban apareciendo todo tipo de edificios notables: el Ministerio de Hacienda, la Real Academia de San Fernando, el Casino de Madrid, el Teatro Alcázar... De repente, ni más ni menos que el mismísimo Ministerio de Educación y Ciencia:



Tras un breve trecho llegué a mi objetivo: La Gran Vía. Me dispuse a recorrerla y así rendirle mi pequeño homenaje a tan ilustre calle. La primera sorpresa fue darme cuenta de que no era completamente llana, sino que comenzaba con una suave pendiente, tal y como se aprecia en las fotos:







Aproveché también para hacerme una autofoto en el cristal de un escaparate, y así inmortalizar el instante (vaya, que solemne me pongo a veces, oye):



Después me detuve un instante, más que nada porque deseaba sentirme parte del entorno. Me sentía como E. A. Poe en su cuento "El hombre de la multitud",contemplando el ir y venir de los transeúntes, sus prisas, sus miradas, así como el trasiego constante de sus pasos:



Eran mil vidas diferentes, peculiares, propias. Sin embargo todas tenían algo en común en ese preciso instante. Mis pensamientos se interrumpieron de repente: un conjunto de coches oficiales escoltados por la policía recorría en ese momento la Gran Vía. Llevaban la banderita del Líbano, y recordé que el primer ministro estaba de visita oficial en España.

En ese momento llegué al punto de inflexión de la pendiente, comenzando un suave descenso:



No pude evitar fotografiar el edificio con el famoso cartel de Schweppes, en el que Santiago Segura y el cura Berriortúa hicieron de las suyas en El día de la Bestia:



A partir de ahí comencé el último tramo de la Gran Vía, hasta llegar a la Plaza de España, observando a derecha e izquierda los diferentes teatros en los que había diferentes musicales en cartelera:

martes, 13 de abril de 2010

Visita a Madrid (2)

Como os comenté en la anterior entrada, pasé casi todo el primer día en el Museo del Prado. Vamos, que me saturé de arte. Al final de la visita me sentía como un niño que acababa de comer sin parar dulces y más dulces.

El resto de la tarde lo dediqué a recorrer el camino que me separaba del apartahotel. Desde el Museo del Prado llegué a la fuente de Neptuno, pasando posteriormente por la Plaza de las Cortes, donde vi la fachada del Congreso de los Diputados, como os muestro en las siguientes fotos:





No pude fotografiar los leones, :( , ya que la Plaza de las Cortes está en obras. Luego continué por la carrera de San Jerónimo hasta llegar a la Plaza de Canalejas, un lugar precioso del que no pude evitar enamorarme al instante, sobre todo por la belleza de los edificios que la conforman, como podéis observar:





De ahí al alojamiento llegué en un abrir y cerrar de ojos. Dejé el equipaje y me dirigí hacia la Puerta del Sol. Al llegar a ella experimenté la misma sensación que tuve cuando visité las calles de Barcelona. Cientos y cientos de personas moviéndose en todas direcciones, una auténtica marea humana, una miríada de culturas, de sentimientos, de historias, de sensaciones... En definitiva, de vida.

Tenía pensado ver una obra que estaban representando en el Teatro Alcázar, El mercader de Venecia. Sin embargo, me entretuve demasiado, y cuando llegué ya había comenzado la función. Así que decidir tomar unas cervezas con las correspondientes tapas, ya que después de un día tan largo me merecía un pequeño festín. Eso me sirvió de cena. Posteriormente me dirigí al alojamiento para planificar el día siguiente.

Para que os hagáis una idea, os enseño una pequeña muestra del apartahotel:


sábado, 10 de abril de 2010

Visita a Madrid (1)

Aquí me tenéis de nuevo después de mi breve escapada cultural.

El hecho de vivir en un pueblo pequeño hace que siempre sienta cierto temor o respeto ante un viaje a una gran ciudad. Tal vez por ello he tardado tanto tiempo en decidirme a visitar la capital.¡Qué le voy a hacer, si soy de pueblo! Pero no lo digo en sentido negativo, ya que es algo de lo que estoy orgulloso.

Bueno, entremos en materia. Los preparativos del viaje fueron muy sencillos. Todo gestionado a través de internet en menos de media hora. Os aconsejo la agencia virtual muchoviaje.com, ya que a través de ella alquilé un apartahotel en la calle Príncipe, en pleno corazón de Madrid, junto a la Plaza Canalejas. Además, a un precio bastante razonable, 52 euros.

El jueves, tras tres horas de viaje, llegué a la estación de Atocha sobre las 10:15 de la mañana. La primera sensación fue de extrañeza y de desorientación, como si yo no encajara con el entorno (sólo había sentido algo parecido en la estación de Sants, en Barcelona). Sin embargo, esa impresión desapareció apenas pasados unos minutos, ya que me vi sumergido entre esa abigarrada multitud que fluía a través de las puertas de la terminal.

Tras almorzar en un bar de la estación, me dirigí inmediatamente a visitar el Museo del Prado, mi principal objetivo. Por dar un toque de humor, os diré que los aseos del bar eran bastante repelentes, vamos, como si estuviéramos en Tombuctú. Luego se quejan de que el turismo desciende.

Aquí os muestro las fotos del recorrido, hasta llegar a la puerta del museo:

El Paseo del Prado




El mismo paseo, en otra dirección.




El monumento a Velázquez




La Puerta de Murillo




La fachada correspondiente a El Paseo del Prado




El monumento a Goya



Y finalmente, la entrada al museo por la Puerta de los Jerónimos



Del interior, ¡qué decir! Cuando entras y comienzas a recorrer sus salas, te das cuenta de que todas esas láminas que has visto siempre en los libros de texto, realmente existen, tienen vida. La palabra que más repetí a lo largo de todas las salas fue: ¡impresionante!.

Realmente me sentía abrumado por la gran cantidad de imágenes que llegaban a mis ojos. Sería imposible e injusto elegir una obra, porque eran incontables: Las meninas, La fragua de Vulcano, Las majas, La familia de Carlos IV, Las tres gracias, Los fusilamientos, El caballero de la mano en el pecho, La rendición de Breda, Carlos V a caballo en la batalla de Muhlberg, Las pinturas negras de Goya, El jardín de las delicias... Tal vez, por simpatías con el protagonista del cuadro, la obra que más emoción me provocó fue una pintura que no está al nivel de las anteriores. Se trata de El fusilamiento de Torrijos, de Gisbert. Me senté a mirarla un largo rato, y casi pude imaginar la escena, sufriendo por el trágico desenlace de los que iban a ser asesinados.

Por supuesto, comí en la cafetería del museo, para aprovechar mucho más el tiempo. Por la tarde, acabé de ver todas las salas, y aún tuve tiempo para dar un pequeño repaso a las obras más significativas.